Construcción, Industrial
2 noviembre, 2021
Necesitamos cambios disruptivos

Fundación ECODES busca el bienestar para todas las personas dentro de los límites del Planeta y su misión es buscar cómplices en todos los sectores de la sociedad para construir alianzas y lograr así acelerar la transición justa hacia una economía que, al fin, haga las paces con la naturaleza.

Estamos viviendo una encrucijada planetaria. Los científicos del clima nos advierten en sus informes que debemos construir una economía neutra en carbono lo antes posible. Esta década es decisiva. Y nosotros mismos, personas comunes que ven una y otra vez cómo se suceden fenómenos atmosféricos extremos en uno y otro continente, tenemos la misma convicción.

Se multiplican los mega incendios, las mega inundaciones, las mega sequías. En los informativos, cuando los reporteros recogen testimonios de las víctimas de estas catástrofes, hay una expresión muy repetida: “No habíamos visto nada igual”.

Este estado de cosas ha movilizado la opinión pública mundial y hoy tenemos un “Programa Común de la Humanidad”: los 17 ODS y el Acuerdo de París. Esta doble agenda nos acerca al gran objetivo del siglo XXI: construir una economía que, al fin, haga las paces con la naturaleza.

Nos hemos puesto de acuerdo, pueblos y gobiernos del mundo, en que ésta es la tarea común de nuestra generación en este momento de la historia. En este desafío planetario, Europa ha asumido un gran liderazgo. El año pasado, la Comisión Europea anunció que quería ser el primer continente neutro en carbono para el año 2050 y posteriormente comunicó su objetivo de reducir las emisiones europeas un 55% para el año 2030.

Estos ambiciosos y necesarios logros no se pueden cumplir si no asumimos una cultura de corresponsabilidad. Cada cual debe aceptar su cuota parte en el cambio, que debe ser proporcional a su responsabilidad como co-causante de la emergencia climática. Por eso el sector de la edificación y la vivienda, que empieza retrasado esta carrera hacia las emisiones netas cero, afronta un gran desafío.

La inmensa mayoría de los edificios de viviendas en España son despilfarradores de energía y dan la espalda a las energías renovables. Un dato impresiona: en Alemania existen 1,4 millones de tejados solares y en España, el país de Europa con el mayor potencial solar, hay… solo unos 10.000.

La movilidad y la vivienda son dos grandes sectores que explican que las emisiones difusas en España se resistan a bajar. En la movilidad se están produciendo cambios rápidos. La Unión Europea ha anunciado que a partir del año 2035 ya no se podrán vender vehículos con motor de combustión. Las empresas automovilísticas están acelerando su transformación. La revolución de la movilidad está en marcha. Sin embargo, el sector de la edificación, en general, camina, pero no corre.

El ritmo de rehabilitación con criterios ambientales y sociales de las viviendas en España es desesperantemente lento. Se rehabilitan de forma integral unas 25.000 viviendas al año, un 0,1% de las existentes. El dato está muy lejos de la tasa de renovación del 2% que recomienda la UE.

El Plan de Recuperación va a suponer una aceleración, pero ganar velocidad no solo es un tema de dinero. Si queremos que esta década sea decisiva, debemos hacer las cosas de otra manera, debemos hacer cambios disruptivos. Algunos de ellos son legales; otros, culturales; y otros, tecnológicos. Uno de los cambios tecnológicos más prometedores, en mi opinión, es hacer una construcción más industrial, menos

artesanal. Eso será bueno para el medio ambiente: para reducir las emisiones de carbono, para generalizar las energías renovables, para facilitar el despegue de la electromovilidad, para aumentar la durabilidad de las edificaciones, para facilitar la reutilización de los elementos constructivos… También puede ser bueno para lograr viviendas más saludables, con más confort. En la pandemia, en su forzado confinamiento, hemos visto cómo porciones significativas de la población no disfrutan de viviendas saludables. También creo que esa construcción más industrializada será buena para un gran objetivo muy necesario en este país y que debemos afrontar: hacer una transición justa sin dejar a nadie atrás. Las viviendas deben ser más asequibles. No son un bien de lujo, sino uno necesario sin el cual el resto de los derechos se hacen impracticables.

Por último, la construcción industrializada aplicada a la rehabilitación nos puede permitir, a través de soluciones creativas aplicadas a nuestros conjuntos residenciales vulnerables, poner en marcha la tan deseada “oleada de rehabilitaciones”.

He dicho cambios tecnológicos, como si estuvieran separados de los legales y culturales. No hay esos silos. Cambiar la tecnología significa cambiar normativas, cambiar ordenanzas, cambiar hábitos, cambiar rutinas y cambiar prejuicios. No es una tarea fácil. Pero es una tarea necesaria.

El sector de la vivienda y la edificación se enfrenta a un doble desafío con fuertes interdependencias: su neutralidad climática y su circularidad. Debilidad: el peso de la inercia. Fortaleza: la tremenda capacidad técnica y talento que el sector tiene. Es tiempo de actuar y rápido.

 

Víctor Viñuales,
Director Fundación Ecología y Desarrollo